Words about bullfighting

White handkerchiefs



José Miguel Arroyo ‘Joselito’ vestido de corto. Actualmente lo utilizan los toreros, principalmente, en la celebración de festivales
José Miguel Arroyo ‘Joselito’ in ‘traje de corto’, nowadays a costume that is mainly worn on special occasions.
(foto / photograph: Olga Holguín)
The bullring is packed. On the yellow sand below, the matador has killed his bull well and the stands are alive with white, fluttering handkerchiefs. In all the years I have attended the corrida, I have never been able to find out the origin of the white handkerchief. That is, until recently, when a friend suggested: “It could be a left over from the time when bullfights were part of chivalrous jousts. Maybe a fair maiden in the crowd could appoint a knight as her champion by offering him her silk, white handkerchief?” Although seen from a rather imaginative viewpoint, this could well be the answer.
After all, some historians suggest that during the Moorish occupation of Spain, noble Arabian horsemen fought bulls in special tournaments. Indeed, until well into the 18th century, staging a corrida was a strictly royal affair and only the finest of the Spanish nobility were allowed to take part. So who is to deny that a beautiful Spanish lady in the audience used her white scarf to reveal her champion? Couldn’t this ritual have been adopted by the general public as soon as the Spanish lords and ladies retreated from the corrida and ‘civilian’ matadors took over? It could well be possible that from then on, people used a white cloth to appoint a popular champion.
However, since many arena’s have started to rent out white cushions, the traditional handkerchief is gradually being driven out by floppy, foamrubber-filled plastic squares advertising beer! This is not how it should be done at all. If one wishes to reward a matador, one does so by waving a white handkerchief! Although I know this sounds hopelessly romantic, I comfort myself with something Rafael de Paula, perhaps the most romantic matador in history, once said: “If romance leaves the bullring, the corrida is finished.”


Pañuelos blancos

Se llena la plaza. Abajo, en el albero amarillo, el matador ha matado bien y los tendidos parecen vivos al agitar pañuelos blancos. Desde que asisto a los toros, nunca he podido descubrir el origen del pañuelo blanco. Es decir, hasta hace poco tiempo, cuando una amiga me sugirió: “Podría ser reminiscencia de los tiempos en que las corridas eran parte de torneos caballerescos.
Quizás en la muchedumbre hubo una guapa señorita que podría designar un caballero como su campeón, ofreciéndole su pañuelo de seda blanca.” Podría ser la respuesta, aunque desde un punto de vista algo imaginativo. Después de todo, algunos historiadores sugieren que durante la ocupación mora, los jinetes de la nobleza árabe lidiaron toros en torneos especiales. De hecho, hasta bien entrado el siglo XVIII, organizar una corrida era un asunto estrictamente Real y solamente a los más principales miembros de la aristocracia española les era permitido participar. ¿Quién puede negar que una guapa señorita española del público utilizara su pañuelo blanco para revelar a su campeón? ¿El pueblo no habría podido adoptar este ritual tan pronto cuando la nobleza se retiró de la corrida y los ‘matadores civiles’ asumieran el control? Podría haber sido posible que entonces, la gente utilizara un paño blanco para designar a un campeón popular.
Sin embargo, en muchas plazas de hoy puedes alquilar almohadillas blancas. El pañuelo tradicional está siendo arrinconado por cuadrados de plástico flojos, rellenos de gomaespuma y anunciando cerveza... Asi no debe hacerse. ¡Si quieres premiar a un matador, tienes que hacerlo agitando un pañuelo blanco!. Aunque sé que esto parece desesperadamente romántico, yo me conforto con algo que Rafael de Paula - quizás el matador más romántico de la historia - dijo una vez: “Si el romanticismo sale de la plaza, se acaba la corrida.”


Después de vestirse de luces. José Antonio ‘Morante de la Puebla’ se concentra en su habitación del hotel.
Dressed in his suit of lights, José Antonio ‘Morante de la Puebla’ concentrates in his hotelroom.
(foto / photograph: Olga Holguín)

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